De admirar a crear: cuando entendí por qué elijo lo que elijo
La primera vez que vi un álbum de scrap terminado me quedé en silencio.
No entendía cómo algo hecho a mano podía contar tanto.
Cada página tenía intención, tenía vida.
Cada detalle parecía pensado con delicadeza.
Había emoción en el papel.
Mi corazón se aceleró como si hubiera visto al amor de mi vida (risas).
Empecé a buscar dónde podía aprender ese arte, y lo encontré en muchas profesoras que me
encantaban: cómo enseñaban, cómo les nacían ideas tan originales.
Yo me sentía como una niña pequeña emocionada.
Y fue así que poco a poco empecé a replicar álbumes.
No buscaba compararme.
Lo que buscaba era aprender.
Tener la oportunidad de apreciar el trabajo de otras no me hacía sentir pequeña… me hacía querer
crecer.
Sentía una admiración profunda y un deseo inmenso de entender cómo se construía algo así.
Así empecé.
Replicando proyectos.
Siguiendo indicaciones.
Intentando acercarme a lo que veía en mis profesoras y referentes.
Y me di cuenta rápidamente de algo: tenía habilidad. Aprendía rápido.
Incluso recibí el título de “Rina la veloz”… la aplicada que corre (jajaja).
Lo hacía con respeto, con gratitud, con curiosidad genuina.
Cada proyecto era una lección.
Tiempo después conocí el mundo de los layouts en una de mis tiendas favoritas, Scrapbooking
Perú.
Y fue ahí donde algo empezó a transformarse.
Conocí a mi hoy amiga y mentora, Valeska.
Ella marcó un antes y un después.
Recuerdo escucharla decir que no buscáramos la perfección.
Que el diseño podía moverse.
Que no todo tenía que quedar exactamente como el modelo.
Aprender con ella no solo transformó mi manera de crear,
también me regaló una amistad que valoro profundamente.
Recuerdo estar frente a mi mesa, mirando mi trabajo, dudando si estaba “correcto”.
Y en lugar de ajustarlo para que se pareciera a otro… decidí mover una pieza. Cambiar una flor.
Alterar una capa.
Ese pequeño gesto fue el inicio de algo más grande.
Con el tiempo empecé a notar algo curioso:
siempre terminaba eligiendo lo mismo.
Tonos suaves.
Colores románticos.
Flores delicadas.
Fondos no definidos.
Capas de textura que se superponían sin rigidez.
Al principio pensé que era coincidencia.
Pero no lo era.
Un día entendí que no elegía esos colores por tendencia.
Los elegía porque se parecían a mí.
Sensible.
Romántica.
Con profundidad, aunque no siempre visible.
Con capas que no se muestran todas al mismo tiempo.
Y cuando entendí eso, sentí emoción.
No porque hubiera “encontrado un estilo”.
Sino porque me había entendido un poco más.
Esa comprensión me dio seguridad.
Y desde esa seguridad nació algo aún más valioso: libertad.
Hoy creo sin saber exactamente qué resultado tendré.
Pero lo hago con la tranquilidad de saber que lo que elija hablará de mí.
Encontrar mi estilo no me encerró.
Me dio raíces.
Y desde esas raíces puedo explorar, probar, cambiar… sin perderme.
Porque ya sé por qué elijo lo que elijo.
Información
- Categoria: Scrap & Creatividad A1
- Autor: Rina Candela
- Contactar